Más de 70 personas se reunieron el martes 6 de octubre en el Ateneo de A Coruña para participar en «La ciencia es la caña», el encuentro de divulgación organizado por Jóvenes Nucleares en el marco de la 52ª Reunión Anual de la Sociedad Nuclear Española (SNE). Tres charlas breves sobre la historia del átomo, la fascinación por la radiactividad y el radón llenaron el local y acercaron la ciencia a asistentes vinculados al sector nuclear y a público ajeno a él.
«El balance de esta edición es muy positivo. Conseguimos reunir a más de 70 personas y llenar el Ateneo», explica Miriam Díaz, vicepresidenta de Jóvenes Nucleares. La organización destaca tanto la acogida como el ambiente generado en una actividad que permite compartir ciencia y conversar fuera del entorno habitual del congreso.
Entre los asistentes también hubo profesores de centros educativos en los que Jóvenes Nucleares imparte talleres STEM. Su presencia fue uno de los aspectos más valorados de esta edición. «Para nosotros, que estas personas se acercaran a compartir la actividad es una señal muy bonita de que nuestras iniciativas de divulgación pueden despertar curiosidad e interés por la ciencia y contribuir a estrechar la relación entre el ámbito educativo y el sector nuclear», señala Díaz.
La propuesta de este año combinó historia, curiosidades y ciencia. Alberto García trasladó al público a la época del «brillante futuro atómico», cuando el optimismo en torno a la energía nuclear llevó a imaginar múltiples aplicaciones para el átomo. Carlota Gabicagogeascoa abordó la «Radiomanía», la fascinación por la radiactividad antes de que se conocieran plenamente sus efectos. Por su parte, Cristina Trull exploró las dos caras del radón, presente en la radiactividad natural.
El objetivo era ofrecer una perspectiva diferente y accesible. «Queríamos sorprender al público, despertar su curiosidad y demostrar que detrás de la ciencia hay historias muy interesantes que merece la pena conocer», explica la vicepresidenta.
Entre los ejemplos más llamativos figuraron las dentaduras radiactivas presentadas en la charla sobre «Radiomanía», una muestra de cómo el entusiasmo por un descubrimiento puede adelantarse al conocimiento de sus riesgos. El radón aportó una conexión con cuestiones actuales relacionadas con la radiactividad natural y la protección radiológica.
Para Jóvenes Nucleares, el formato es una parte esencial de la actividad. «Sacar las charlas de las salas de conferencias y llevarlas a un bar permite presentar temas científicos rigurosos en un ambiente cotidiano, distendido y accesible», afirma Díaz. Ese entorno facilita el contacto con los ponentes y ofrece oportunidades para plantear dudas sin necesidad de conocimientos previos.
El encuentro también ayuda a quienes acuden por primera vez a la Reunión Anual, especialmente a los más jóvenes, a conocer a otros participantes y comenzar a sentirse parte de la comunidad nuclear.
Tras la respuesta de este año, la organización identifica un reto concreto: encontrar un local con mayor capacidad. «¡Cada año viene más gente y vamos a tener que empezar a buscar un bar a la altura de nuestra ambición divulgativa!», concluye Diaz.



