Sonia Mato: "Saber cómo se hace ciencia y cuáles son sus límites nos permite desarrollar nuestro pensamiento crítico con escepticismo científico"

"Date tiempo para analizar, acude a fuentes independientes y conoce tus sesgos", son tres recomendaciones de Sonia Mato, licenciada en Ciencias Físicas por la UAM y doctora en Ingeniería de los Materiales por la Universidad de Manchester (Reino Unido), para incorporar el pensamiento crítico a la vida cotidiana.
Mato ha sido la protagonista de la charla "Ciencia contra la desinformación", organizada por Women in Nuclear Spain (WiN) de la en el marco de la 52ª Reunión Anual de la SNE.
En este encuentro, celebrado el lunes, 5 de octubre, en Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT) de A Coruña, Mato animado a los asistentes a no aceptar una afirmación sin preguntarnos qué evidencias la respaldan, cómo se han obtenido y qué podría hacernos cambiar de opinión. Porque "muchas veces nos vemos abocados a confiar en el conocimiento de expertos y es importante saber cómo elegirlos", ha subrayado.
¿Cuál es el mensaje principal que ha querido transmitir en esta charla? ¿Qué ideas le gustaría que el público recordara?
El mensaje principal es que es imposible que sepamos de todo, pero sí podemos hacer frente a la avalancha de desinformación que nos rodea aprendiendo a preguntarnos cómo podemos saber si algo es fiable. He intentado que el público reflexione sobre en qué se fijan para darle a una información la etiqueta de científica.
Saber cómo se hace ciencia y cuáles son sus límites nos permite desarrollar nuestro pensamiento crítico con escepticismo científico. Pero es importante entender bien qué significa esto. No se trata de desconfiar de todo ni de llevar la contraria a la mayoría, sino de no aceptar una afirmación sin preguntarnos qué evidencias la respaldan, cómo se han obtenido y qué podría hacernos cambiar de opinión.
¿Ha habido algún tema que haya despertado especial interés o debate?
Creo que uno de los aspectos que más debatimos durante la charla es la tensión entre el valor que le damos a que las personas piensen por sí mismas, pero al mismo tiempo reconocemos que nadie puede tener conocimientos especializados, sobre todo. Por tanto, muchas veces nos vemos abocados a confiar en el conocimiento de expertos y es importante saber cómo elegirlos.
¿Qué diferencia una afirmación respaldada por evidencia científica de otra que simplemente utiliza un lenguaje o una apariencia científica?
Una afirmación científica se vincula a evidencias sólidas obtenidas mediante métodos consensuados por la comunidad científica, pero, además, está en continua revisión y, si es necesario, es refutada y sustituida por otra a la luz de nuevas evidencias. Me parece muy importante trasladar la idea de que las ciencias hoy en día no son dogmáticas, a diferencia de lo que muchas personas piensen. Son productos humanos y, por tanto, están sujetas a errores, sesgos y pecados. Sin embargo, tienen mecanismos autocorrectores mediante los cuales nos vamos acercando poco a poco a comprender lo que nos rodea.
Las pseudociencias, en cambio, suelen mostrar una actitud muy diferente ante la crítica y ante la posibilidad de ser refutadas. En muchos casos utilizan la apariencia y la terminología de la ciencia para aprovechar la autoridad y la confianza que la ciencia genera en la sociedad, sin asumir necesariamente sus métodos y mecanismos de autocorrección. Palabras como "cuántico", "magnético", "natural", "científicamente demostrado", "estudios recientes", "medicina ancestral", o incluir gráficos y porcentajes no convierten una afirmación en científica.
¿Por qué algunos bulos resultan tan convincentes? ¿Cómo influyen nuestras emociones y la tendencia a creer aquello que coincide con nuestras ideas previas?
Porque nuestros cerebros están diseñados, tras miles de años de evolución, para valorar si algo es verdadero utilizando atajos cognitivos y no solamente el razonamiento consciente. Nos fijamos en quién lo dice, cuánta gente lo cree, si encaja con nuestras ideas o si es una explicación simple que entendemos fácilmente. La narrativa del bulo o si nos produce una emoción intensa también son factores importantes. Ya Aristóteles cuando enseñaba a sus discípulos el arte de la persuasión hablaba del Pathos o la capacidad para despertar emociones en la audiencia. Los bulos que mayor diseminación consiguen, aquellos que se hacen virales, atacan todas estas debilidades cognitivas.
Por otro lado, tendemos a prestar más atención a la información que confirma lo que ya pensamos y a interpretar de manera diferente aquella que lo contradice. Es la manera de evitar la disonancia cognitiva, que nos incomoda y nos hace gastar más energía. La desinformación se nutre de nuestra vagancia.
Cuando nos llega una información científica por redes sociales o por WhatsApp, ¿qué pasos deberíamos seguir antes de creerla o compartirla?
Deberíamos preguntarnos y verificar quién lo dice, cuál es la fuente, qué evidencias se aportan, si hay otras fuentes que lo confirman y qué tendría que llegarme para cambiar de opinión. Por ejemplo, hace poco Maldita.es expuso la proliferación de falsos perfiles médicos creados con IA que publicaban información o recomendaciones médicas en redes sociales, con el único objetivo de vender un producto, ya fuese un suplemento o un libro. A veces, cuando intentas indagar sobre la fuente de la que surge la información esta no existe o la información se ha manipulado, llegando a conclusiones que no se deducen de una evidencia pobre o falta de datos. Distinguir entre un conjunto de datos válidos y un puñado de anécdotas puede ser el quid de la cuestión.
La última pregunta parece especialmente importante, si no somos capaces de imaginar ninguna evidencia que pudiera hacernos cambiar de opinión, probablemente ya no estamos evaluando críticamente la información, sino defendiendo una posición. Como se ve, se requiere dedicar un tiempo, que a veces no tenemos, a indagar sobre la información que nos llega en un reel o un mensaje de WhatsApp antes de compartirlo si no queremos contribuir a la infoxicación y a la propagación de bulos. Es más fácil caer en el automatismo del reenvío inmediato de aquello con lo que estamos de acuerdo o nos sobresalta.
¿Qué señales deberían hacernos desconfiar de una noticia, un vídeo o un mensaje?
Personalmente siempre que veo una información que termina con un mensaje apremiándome a compartirlo se me encienden todas las alarmas. Mensajes que, como comentábamos anteriormente, apelan a emociones primarias como el miedo o que ponen en marcha nuestro sesgo de confirmación son los primeros que deberíamos contrastar.
A menudo se utilizan expresiones como «un estudio demuestra» o «avalado científicamente». ¿Qué deberíamos comprobar para saber si esa supuesta evidencia es sólida?
Lo primero de todo es buscar el estudio. Una buena información científica da sus referencias y estas son fácilmente accesibles. Cuando se trata de desinformación las fuentes suelen ser difíciles de localizar o ni siquiera existen. Si damos con el estudio podremos comprobar que las conclusiones a las que llega son pertinentes para la información que estamos evaluando. Luego deberíamos verificar si hay consenso científico sobre lo que informa.
Una etapa fundamental del método científico es la revisión por pares. Antes y después de la publicación un estudio en una revista científica, la metodología de trabajo, los resultados obtenidos y la solidez de las evidencias que soportan las conclusiones de dicho estudio son revisados por otros científicos que trabajan en ese campo. Es el escrutinio de la comunidad científica el que avala un estudio. El consenso científico no se produce como colofón a un proceso democrático en que se vota si se piensa que es válido o no un estudio, sino que es una convergencia progresiva ante las evidencias presentadas y examinadas de manera independiente.
¿Qué herramientas y fuentes de consulta recomendaría a una persona sin formación científica para contrastar información?
Para cuestiones científicas y de salud pueden ser útiles organismos científicos y sanitarios reconocidos, universidades, sociedades científicas y organismos públicos. En España, la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología ofrece en su página web recursos de divulgación y verificación muy elaborados y accesibles para cualquiera de nosotros sobre temas muy diversos. También, el trabajo independiente de medios especializados en verificación como Maldita.es o Newtral creo puede ser un primer paso bastante cómodo para cualquier persona cuando circula un bulo.
¿Qué responsabilidad tienen los científicos, los medios de comunicación y las instituciones en la lucha contra la desinformación? ¿Qué podrían mejorar para llegar a públicos de distintas edades y niveles de formación?
Hace ya algunos años que existe una mayor concienciación sobre la necesidad de acercar la ciencia a la sociedad y, como resultado, la comunidad científica está haciendo un esfuerzo cada vez mayor por mejorar nuestra capacidad para comunicar y divulgar nuestro trabajo. Me parece, además, una responsabilidad especialmente importante si tenemos en cuenta que una parte muy significativa de la investigación que realizamos se financia con fondos públicos. Sin embargo, este esfuerzo no siempre está suficientemente reconocido ni recompensado. Y quienes se dedican a divulgar ciencia y, especialmente, a combatir las pseudociencias y la desinformación se encuentran a menudo con ataques personales, fundamentalmente en redes sociales, donde todos sabemos que el anonimato puede facilitar este tipo de comportamientos.
Por eso creo que las instituciones tienen también una responsabilidad importante. Además de facilitar el acceso abierto al conocimiento científico, deberían respaldar y proteger la labor de quienes trabajan en divulgación y en la lucha contra la desinformación, y adoptar posiciones claras y coordinadas frente a la difusión de contenidos pseudocientíficos o falsos. Esto ayudaría a crear un marco más seguro y favorable para que los profesionales puedan desarrollar su labor.
Respecto a los medios de comunicación, su papel, tanto en la contención como en la diseminación de los bulos, es primordial. Quiero aprovechar para poner en valor especialmente el trabajo de los periodistas científicos, que nos ayudan a los científicos a hacer accesible nuestro trabajo a la sociedad y a construir narrativas atractivas que permitan transmitirlo de forma rigurosa y comprensible. Su formación especializada los convierte en un nexo de unión de un valor incalculable entre quienes generan conocimiento y la sociedad. Nosotros aportamos el conocimiento especializado y ellos las herramientas y el conocimiento necesarios para transformarlo en una comunicación rigurosa, comprensible y atractiva para públicos muy diversos.
Para terminar, ¿qué tres recomendaciones concretas daría al público para incorporar el pensamiento crítico a su vida cotidiana?
Date tiempo para analizar, acude a fuentes independientes y conoce tus sesgos.